domingo, 25 de septiembre de 2011

EL ROBO DE LA ALEGRIA

Cuento para promover la alegría
El malvado Nonón siempre había sido un malo de poca monta y sin grandes aspiraciones en el mundo de los villanos. Pero resultó ser un malo con mucha suerte pues un día, mientras caminaba despistado inventando nuevas fechorías, cayó por una gran grieta entre dos rocas, hasta que fue a parar al Estanque de la Alegría, el gran depósito de alegría y felicidad de todo el mundo.   

                                                                                       

Entonces Nonón, que además de malo era un tristón, pensó en quedarse para sí toda aquella alegría y, cavando un pozo allí mismo, comenzó a sacar el maravilloso líquido para guardarlo en su casa y tener un poco de felicidad disponible siempre que quisiera.
Así que mientras el resto de la gente parecía cada vez más triste, Nonón se iba convirtiendo en un tipo mucho más alegre que de costumbre. Se diría que todo le iba bien: se había vuelto más hablador y animado, le encantaba pararse a charlar con la gente y ... ¡hasta resultaba ser en un gran contador de chistes!
Y tan alegre y tan bien como se sentía Nonón, empezó a disgustarle que todo el mundo estuviera más triste y no disfrutara de las cosas tanto como él. Así que se acostumbró a salir de casa con una botellita del mágico líquido para compartirla con quienes se cruzaba y animarles un rato. La gente se mostraba tan encantada de cruzarse con Nonón, que pronto la botellita se quedó pequeña y tuvo que ser sustituida por una gran botella. A la botella, que también resultó escasa, le sucedió un barril, y al barril un carro de enormes toneles, y al carro largas colas a la puerta de su casa... hasta que, en poco tiempo, Nonón se había convertido en el personaje más admirado y querido de la comarca, y su casa un lugar de encuentro para quienes buscaban pasar un rato en buena compañía.
Y mientras Nonón disfrutaba con todo aquello, a muchos metros bajo tierra, los espíritus del estanque comentaban satisfechos cómo un poco de alegría había bastado para transformar a un triste malvado en fuente de felicidad y ánimo para todos.

Autor.. Pedro Pablo Sacristan

viernes, 23 de septiembre de 2011

AMIGAS DESDE LA HUERTA

Cuento infantil sobre amistad



ula y Lila eran dos plantas de espinacas que nacieron en un mismo huerto y habían sido amigas desde entonces. Habían pasado juntas por los terribles fríos del invierno y los largos días de sol, y siempre se habían apoyado mutuamente, en espera de llegar a aquel momento mágico con que toda espinaca soñaba: el momento de servir de comida a un niño y transmiterle toda su fuerza.
Así que cuando llegó la hora de la cosecha, fueron juntas y felices a la fábrica de preparado, y de allí a la de envasado, y de allí al supermercado, donde fueron expuestas en uno de los mejores estantes. Ambas veían emocionadas pasar las señoras con sus cestas, fijándose en aquellas a las que acompañaba algún niño. Pasó todo un día entero sin que nadie se acercara, pero justo antes del cierre, una señora se acercó demasiado al estante, y sin darse cuenta golpeó la bolsa de Lula, que cayó al suelo, justo antes de que uno de los pies de la señora la empujara bajo la estantería.
Nadie se dio cuenta de aquello, y Lula pasó toda la noche llorando, sabiendo que se quedaría bajo el estante hasta ponerse mohosa. Lila, muy apenada, se lamentaba de la suerte de su amiga, sin poder hacer nada. Al día siguiente, cuando a media mañana se acercó una señora acompañada por un niño adorable, dispuesta a comprar la bolsa de Lila, ésta no podía alegrarse pensando en la desgracia de Lula. Y en un momento de locura y amistad, hizo un último esfuerzo por ayudar a su amiga de la infancia: justo cuando el niño iba a agarrar la bolsa, Lila sé dejó caer del estante y fue a parar al suelo junto a Lula. El niño, sorprendido y divertido, se agachó y sin darse cuenta cogió ambas bolsas.
Lila acabó con un par de tallos rotos, pero no le importó hacer aquello por salvar a su amiga. Y cuando horas después compartía el plato del niño con Lula, se sintió la espinaca más feliz del mundo por poder cumplir su sueño junto a su mejor amiga.









las plumas del pavo

Cuando las aves estrenaron su plumaje, el pavo real no era tan bonito como ahora más bien era un ave sin chiste, de plumas descoloridas.
Pero un día, cuando se preparaba una gran fiesta para todas las aves, el pavo real se encontró a un pájaro de veras bonito,de largas plumas azules.
-¿A dónde vas?-le pregunto el pavo real.
-A la fiesta de las aves, ¿tu no vas a ir?
-No-contestó el pavo real abriendo sus alas-, es que no me gusta.
-Mira-dijo el otro pájaro-,préstame tu vestido y yo te doy el mío para que vayas a la fiesta. ¿Te gustan mis plumas?
-Sí, las tuyas son bonitas.
-Entonces,¿cambiamos?, ya después me regresas mis plumas- aseguró el pájaro.
-bueno- dijo el pavo real.
Los dos cambiaron sus vestidos y se fueron a la fiesta, el pavo se sintió como nunca, orgulloso de devolverlo a su dueño.
Así que salió corriendo de la fiesta y ni adiós le dijo a su amigo. El pájaro a buscar al pavo por todos lados, pero nunca lo encontró. Desde entonces, el pavo real luce vestido ajeno. Lo único feo que ahora tiene son sus patas y, cuando alguien las mira, se esponja como un abanico para que no se fijen en ellas. Al otro pájaro, el que se quedó con las ropas feas del pavo real, hoy le llamamos tapacaminos. Y será verdad o será mentira, pero se cuenta que el tapacaminos aparece en todas las veredas, para preguntar quién ha visto al pavo que se llevó su vestido.